A veces pensamos que el hecho de que un niño duerma bien solo es importante para que descanse lo suficiente y cuente con la energía necesaria para enfrentar el nuevo día, pero la verdad es que cuando se empiezan a presentar problemas para acostarse y por lo mismo una considerable reducción en las horas de sueño seguramente tendremos que empezar a manejar hiperactividad, problemas de salud y crecimiento, temperamentos fuertes e irritables y un aprendizaje mucho más lento por parte del menor.
Sin duda podemos enseñar a dormir a nuestros hijos y si bien es cierto que entre los 1 y 2 años ellos siempre van a preferir jugar que irse a la cama, de mamá y papá depende el controlar a tiempo estos problemas del sueño.
En el caso de que definitivamente sea evidente que el niño no quiere dormir es momento para que pongas en practica las siguientes recomendaciones:
- Crear rutinas: nada más saludable que la seguridad que brinda el orden, así que si por más pequeño que sea tu hijo este aprende que luego de un rico baño, sigue el cepillado de dientes, la puesta de su pijama y finalmente el ir a la cama podrá sentirse más tranquilo.
- Horarios constantes: eres tu quien debe establecer la hora en que el niño debe ir a dormir y en la que debe despertar, esto se logra moldeando su reloj biológico a base de perseverancia y firmeza.
- Alimentación adecuada: evita suministrar durante la cena alimentos ricos en azucares y proteínas.
- Rituales para relajarse: la lectura de los populares cuentos para dormir al igual que el efecto calmante de un masaje relajante son actividades magnificas.
- Ambientación agradable: temperatura e iluminación acogedoras, sábanas y pijamas frescas, bonitas y limpias serán una buena ayuda.

